En la intimidad de las flores
Marina Jazmín Rozengurt


Y quizás la espiritualidad aparezca justamente ahí:
en ese punto donde dejamos de preguntarnos para qué sirve una flor y empezamos a preguntarnos qué nos provoca estar frente a ella.
Durante siglos, las flores fueron símbolos de amor, muerte, renacimiento, deseo, pureza, transformación.
Y todavía hoy seguimos regalándolas cuando las palabras no alcanzan.
Una flor es ciencia.
Es evolución.
Es diseño.
Es comunicación.
Pero también es memoria, símbolo y misterio.
Quizás por eso seguimos mirándolas.
Porque en algo tan pequeño, la vida encontró una de sus formas más extraordinarias de decir:
aquí estoy.
24 de septiembre, 2026.
Una flor, a simple vista, atrae por su belleza.
Pero detrás de esa belleza hay millones de años de evolución, estrategias precisas de reproducción, intercambio químico, luz transformada en energía y una arquitectura diseñada para atraer, proteger y perpetuar la vida.
Los pétalos no están ahí solamente para ser bellos.
Sus colores, sus formas y sus aromas hablan un lenguaje que nosotros apenas empezamos a comprender.
La ciencia puede explicar cómo una flor se abre. Puede estudiar sus pigmentos, sus células, su polen, la relación con los insectos, la manera en que responde a la luz.
El arte, en cambio, nos recuerda que también podemos simplemente contemplarla.
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